Memoria Histórica. Jorge Capello: Una Estrella que sigue alumbrando Ramos Mejía.

Jorge Capello nació en el barrio porteño de Once, el 23 de enero de 1952. Fue músico y compositor. Uno de los precursores del rock nacional argentino. Durante la dictadura militar estuvo exiliado en el Perú.

La lejana historia empieza con Herminia, una joven campesina asturiana de Cangas de Narcea,  que como nos cuenta Jorge: “se enamoró de un joven acaudalado de ciudad, que también se enamoró de ella y quedó embarazada de mi madre. A este joven (que vendría a ser mi desconocido abuelo), las cuestiones de herencia, propiedad, religión, y algunos otros cánceres sociales,  de devoción en las familias ricas, no le permitieron casarse. Dios está del lado de los pobres, pero solo en el cielo…”

María Concepción González nació el 16 de agosto de 1922 en la parroquia de Santa María de Gedrez, diócesis Cangas de Narcea (Oviedo). Doña Herminia se encontró sola y con una hija para alimentar y darle un futuro. Ella no lo dudo, el único camino era emigrar. Es así como a mediados del año 20, llega a Buenos Aires con su hija, en el vapor Bahía Blanca.

“Así fue que mi madre – nos cuenta Capello – quedó al “cuidado de mis bisabuelos y mi abuela, sola, con el corazón partido, sin poder llevarse a mi madre porque no sabía cómo le iría en la Argentina. Con unos 20 años de edad, a través de una “pariente” de esas que aparecen en las leyendas de familia siempre, consiguió subir al vapor citado.  Ya en la Argentina, hotel de inmigrantes, costura, sirvienta y trabajos posibles.

“En mi mente,  el próximo capítulo es ya  casada con mi abuelastro, un obrero gráfico, trabajador y silencioso hasta el misterio (al menos así lo viví yo) Ya mínimamente instalada, una tía que vino, trajo a mi madre cuando esta tenía 6 años y se produjo el reencuentro.

“Mi madre era tan bella como resentida. Tal vez su propia historia la había hecho así. Conoció a mi padre, un cordobés poli rubro en artes, pintor, cantor de tangos, corredor de motos, artesano, inventor. Un personaje mi padre. Escapado de su pueblo originario  para “triunfar” en Buenos Aires. Mi padre vivía en una pensión en el mismo barrio (Once) en el que vivían mi abuela, mi abuelastro, mi madre y un legítimo hermanastro que había nacido.

Y de acá en más la historia se convierte en tango: “La galleguita cautivó a mi padre y se casaron, lo cual lo llevó a dejar cuestiones artísticas y buscar trabajos fijos. En esa misma casa, “La Cueva” le llamábamos porque era un interno  sin luz natural de una casa de oficinas de la empresa Wayra, donde a mi abuela por mantener esas oficinas cual espejo, le daban ese “sucucho” sin pagar alquiler, como salario. Allí nací y allí vivimos hasta que nació mi hermana, cuando yo tenía 6 años. Nos mudamos a Ramos Mejía, mi padre, mi madre, mi hermanita y yo. De aquí en adelante es otra historia rodeada de enfermedad mental de parte de mi madre, quizás producto de su historia.

“Heredé con creces todo el desarraigo y la nostalgia. Fui un joven rebelde y mi vida encaminó solo a lugares donde no hubiera injusticia, y donde la había atacaba de cuajo. Sigo un poco así, quizás más cansado por los años y una enfermedad difícil, que no tengo dudas, también es producto de mi herencia.”

Jorge Capello seguramente pasará a la historia como uno de los iniciadores del Rock Nacional en nuestro país.

La primera formación de Rock que registra  la zona oeste es  el grupo “Los Grillos” en el año 1964, con tres integrantes de menos de 10 años de edad. Cada uno dieron sus primeros pasos con una banda: Gustavo Rugna (Batería) el genial Jorge Capello y una verdadera leyenda del rock/heavy nacional: Willy Gardi (El Reloj) comenzaron sus primeras incursiones con la música albergados por las cuatro paredes de la casa de Gustavo en la calle  Pasco.

Luego se funda el grupo juvenil «Semilla de este Tiempo» en 1969. Jorge Tenía tan solo 17 años. Lo conocí en la casa de Gustavo Rugna, el baterista del grupo y mi amigo del alma. La casa era cerca de la «Parada Pileta» de la Avenida de Mayo, en Ramos. A pocos metros vivía Ricardo Jelicie, el cantante del grupo y una voz que aun me hace estremecer.  Y a 3 cuadras Gabriel Yasky (hermano de Hugo – secretario General de la CTA-) el que tocaba el bajo.

Los 4 adolescentes admiraban a los Beatles y por esa casa encantada pasaba y se escuchaba la mejor música, que se tocaba en el mundo. Los debates eran grandes. Estaban los fans de los Beatles y los fans de los Rolling Stone. Yo de rock no sabía nada y para colmo, en mi partido nos decían que el rock era parte de la penetración ideológica del imperialismo. Otros de los integrantes del grupo, aunque los acompañaba como amigo,  era Ricardo “Prenepio” que no tocaba ningún instrumento, pero estaba al tanto del último LP que salía en el mercado.

El fondo de la  vivienda de Gustavo, en un galpón que tenía  su padre Armando, era la cueva ideal, para que la banda ensayara 2 veces por semana. Mientras Nelly, la madre de Gustavo, preparaba el mate, convirtiéndose en la madre protectora de todos. Yo me tiraba en un sillón todo roto,  que había en el galpón y en más de una oportunidad a pesar del ruido de los instrumentos, me hacía una pequeña siesta. Nunca tuve problemas para dormir y esa fue una de las tantas demostraciones  claras de mi facilidad para echarme un “torro”.

Aquella casa era el punto de encuentro de los jóvenes iniciadores del Rock. Recuerdo que iba Osvaldo “Bocón” Frascino, Willy Gardi, o  el propio Pajarito Zaguri entre otros.

Ramos Mejía se había convertido en un lugar de moda, donde los boliches nacían como hongos y también un lugar donde el Rock Nacional, que recién hacía su aparición, tenía uno de sus bastiones. Mientras esto sucedía, el General Onganía gobernaba la Argentina con mano dura. La muerte del Che aún era reciente y su espíritu empezaba a deambular por toda América Latina.

Cuando estalla el Cordobazo los 4 integrantes de «Semillas de este tiempo» salen a las calles de Ramos para gritar ¡abajo la dictadura! Los 4 eran estudiantes secundarios y comenzaron a militar en sus respectivas escuelas. En aquella militancia profundicé mi relación con ellos. Armábamos «miguelitos», hacíamos pintadas, intentábamos organizar nuestros centros de estudiantes. Por las tardes nos juntábamos en el Salón, boliche de moda y lugar de encuentros. De ese bar una razzia policial nos llevó a la Comisaría, que quedaba en la Avenida de Mayo, y «la cana» nos cortó el pelo largo, que por aquellos años era símbolo de rebeldía. El Negro Ricardo y yo salimos pelados. Por suerte pude esconder los folletos de la Federación de Estudiantes de la Provincia de Buenos Aires (FESBA), que llevaba encima.

Desde la Comisaría nos fuimos los 2 a una sección de Cine Club, que organizaba la Cooperativa del Credicoop de Ramos, en la Casa de la Sala de Auxilio. Abajo estaba una sala médica. El padre de nuestra compañera Poty, Elías Berdichevsky , era el que  coordinaba el Cine Club.  Aquella actividad se había convertido en un  espacio de debate y de encuentro de la izquierda de la zona. Aquella noche pasaban la película Los Compañeros y no era cuestión de perdérsela.

Menos Jorge, los otros 3 miembros del grupo y el que les escribe, nos afiliamos a la juventud comunista. Jorge tenía una posición intelectual y política, que poco a poco lo fue decantando por el peronismo revolucionario. Comenzó a militar con una agrupación que lideraba Gustavo Rearte, el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (MR-17) que había sido fundado en 1970.  Su trabajo era más basista, lo hacía en un barrio obrero llamado Ingeniero Brian, cercano a Ramos Mejía. Con Jorge militaba Mario Rizzo, que era el intelectual del grupo. Así como Jorge tenía alma de artista, Mario era el más político. Tenía una buena formación ideológica, que confrontaba con muchos argumentos con nosotros.

Por supuesto que mantuvimos muchos debates, algunos duros, después con el tiempo pienso que seguramente él tenía la verdad y nosotros la soberbia.

El propio Jorge nos cuenta aquella etapa:

“Durante el Cordobazo yo estaba en el Comercial de Ramos, donde estudiaba también Gustavo Rugna. Ricardo  estudiaba en el Echeverria. Luego me pase a su colegio. Él estaba en 4to año y yo en el 3er año. Mi primera novia oficial, fue “Yuyito” una compañera de estudios de la división de  Ricardo (risas)”

“Llegamos al 73 y Ramos explotaba de sueños y esperanzas. Cada uno de aquellos jóvenes era parte ya de una historia individual y colectiva. Recuerdo cuando cada uno de nosotros por separado nos fuimos a la cancha de Atlanta, al primer acto público de Montoneros, donde habló el “Pepe”. Por cierto era vecino de Ramos, su casa quedaba en Rivadavia 14654, primero C, a cinco cuadras de la estación Ramos Mejía.

“Algunos cuentan que el Pepe también frecuentó el  bar el Dos Avenidas, antes de fundar Montoneros. La leyenda cuenta que en aquel bar, donde todos los días nos reuníamos los de la Fede y los amigos llamados “aliados”, el Pepe Firmenich, con sus compañeros más cercanos, planificaron el secuestro de Aramburu.

“Volviendo al acto de Atlanta. Aquella tarde fui con Carlos Gabaldón  con la JP de Ramos.  Nos habían invitado los compañeros de la UES de Ramos, entre ellos Jorge López y Héctor Sánchez.

“Los autobuses estaban estacionados en la plaza de Ramos, la que quedaba del otro lado de la estación. Al ritmo de cánticos montoneros, los jóvenes exteriorizaban su ilusión colectiva. ¡Cinco por uno no va a quedar ninguno! era el canto más coreado. En algún momento algunos se animaron a cantar de manera graciosa ¡Cinco por ocho, no va a quedar ni Pocho! Con las carcajadas espontánea de todos…”

La Muerte de Perón y el Exilio.

Por aquellos años, aquellos jóvenes pioneros del rock, ya habían dejado de ser adolescentes, para convertirse en figuras referenciales de muchos jóvenes, por lo menos en ese mundo, que se llamaba Ramos Mejía. Con la muerte de Perón llegó la represión de las “Tres A”, comandadas por López Rega, bajo el paraguas protector  de Isabelita. Por aquellos meses dos militantes del MR 17 son asesinados por las Tres A,  él salteño Luciano Jaime y  el porteño Alex Castelví.

Jorge junto a otros compañeros tuvieron que exiliarse. Desde el 75 al 79 permaneció en Lima.  Mario mientras tanto decide  refugiarse en Madrid, llegando el 6 de agosto 1978.  Desde su radicación en España colabora con las organizaciones de derechos humanos junto a Eduardo Luis Duhalde, Carlos Slepoy entre otros, en la denuncia contra el genocidio que estaba sucediendo en la Argentina.

Mientras tanto Jorge en su estancia obligada en Perú se alimentó del nuevo cancionero latinoamericano. Durante ese tiempo su creatividad se potenció e incorporó nuevas músicas que emergían en el continente como la nueva Trova Cubana.

El Regreso a la Argentina.

Al regresar a la Argentina en 1979, cuando la dictadura estaba casi moribunda, reanudó su vida musical con más madurez y compromiso. De Lima traía un nuevo repertorio, en sus valijas llenas de músicas y de cuerdas rasgadas hasta el límite.

Tanto él como yo y algunos otros que fuimos regresando del exilio obligado, a pesar de que aún continuaba la dictadura, fuimos trayendo los discos de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. Jorge los fue incorporando a su repertorio, que muchas veces cantaba en la casa de Gustavo Rugna  y Miriam Vázquez.

Sus Últimos Años y la Lucha contra la Hepatitis.

En los últimos años de su vida, Capello no dejó por un instante de dedicarse a la música: parecía un hombre pegado a una guitarra. Luchó muchos años contra la  muerte, junto a su compañera y amor eterno, Lucero. No dejó un solo momento de disfrutar de la vida. Sentía la felicidad de vivir una Argentina distinta, seguramente la que había soñado, cuando corría perseguido por la policía por la calles de Ramos, durante los actos solidarios con el Cordobazo. Sentía una gran admiración por Cristina y su gobierno, a la cual apoyaba, con el resto del aliento, que aún tenía.

Ahora debe estar con Gustavo, con Mario, conWilly Gardi, con Pajarito y con Ricardo, seguramente haciendo vibrar como siempre, la guitarra de las “Semillas de aquellos tiempos”, que hoy están germinando.

El director ejecutivo de Hepatitis 2000 y HCV Sin Fronteras – Buenos Aires Eduardo Pérez Pegué señalo al conocer su fallecimiento: Hoy ha muerto alguien que conozco hace muchos años, que conocemos hace muchos años, alguien que  luchó paso a paso contra una hepatitis C diagnosticada en forma tardía y que lo acosó durante décadas, sin que él lo supiera. Con la impecabilidad de un guerrero y acompañado por excelentes profesionales de la salud transitó el camino que tenemos hoy para combatir a este virus, tuvo el apoyo de su pareja y amigos/as, fue necesario un trasplante, el hígado se hizo esperar más de lo que quisimos todos, tiempos que se hicieron muy largos y deterioraron aún más su salud, finalmente llegó y fue una esperanza de vida, lo vimos bien, reponiéndose, luego comenzaron inconvenientes, la esperanza se apagó, una herida más en el corazón de tantos que lo queremos.

Nadie se va sin dejar algo, y creo que Jorge hoy representa a muchas personas que aunque no conozcamos tan de cerca les sucede o les sucedió lo mismo. Él me dejó unas fuerzas impresionantes para continuar con este camino de ponerle un freno a la hepatitis B y C. Más que nunca quiero que todos, y especialmente las personas afectadas directas o indirectamente por esta enfermedad demos un empujón firme a los temas que faltan para lograr ese ansiado freno a estos virus. Se puede y se debe hacer.”

En la actualidad este virus se cura con un medicamento llamado Sovaldi. A pesar de ello Jorge y muchos jóvenes de aquella generación sufrieron y fallecieron por esta enfermedad.

Hoy cuando la humanidad padece  esta actual pandemia universal, lo recordamos como uno de los iniciadores del  Rock and Roll en la zona oeste. Falleció el  jueves 17 de enero del 2013.

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