Libros. Stella Calloni: La Dama que Miraba Bajo el Agua.

Un recorrido por la agitada vida de la periodista Stella Calloni, atravesado por cosas de mujeres.

Por Jorge Pinedo

Melena cana, sonrisa recta, mirada transparente, maquillaje leve. Brazos en alto, cerrado el puño izquierdo, internacionalista; los dedos con la V peroncha se alzan en la mano derecha. Colgante indígena de plata repujada; blusa polícroma guatemalteca o mexicana o salvadoreña o nicaragüense, vaya a saber, pues por esas playas y aún más anduvo perpetrando el violento oficio que la inviste. Su nombre es título e historia del periodismo, hace pie en la poesía y consagra la acción militante en favor de los pueblos oprimidos. Stella Calloni (Entre Ríos, 1935) concentra más de medio siglo de historia, no sólo latinoamericana, como testigo junto a los protagonistas, desde un singular palco avant-scéne, de modo alguno obtenido por rebusque, acomodo o sospechoso privilegio. Espacio merecido a fuerza de la arltiana prepotencia de trabajo, cuando no a los codazos entre una multitud de machotes que monopolizaban el gremio de los trabajadores de prensa.

Stella Calloni se titula también el libro de las académicas y periodistas Mariana Baranchuk (Buenos Aires, 1963) y Vivian Elem (Neuquén, 1957) que adopta la voz  de la Calloni para realizar un repaso, a veces veloz, a veces abisal, siempre fidedigno de esta mujer trotamundos que no le temió a las balas, a los dictadores ni a los jefes de redacción —lo cual resulta harto osado—; que sorteó el estrellato de los medios hegemónicos, refrescó sus pulmones  en los versos y le escamoteó a la partidocracia progresista su alineación formal. No obstante ello, supo comprometerse con las causas libertarias, abjurar de la vanidad de un bolacero objetivismo periodístico y llegar a donde se producen las sístoles y diástoles de la política. Convertirse en interlocutora de Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales; haber realizado memorables entrevistas al otrora Shá de Irán o al líder libio Muhamar el Gadafi, acompañado a la guerrilla sandinista hasta la toma del poder y fundar la agencia noticiosa nicaragüense, rebasa las fronteras tanto geografías como de los géneros de toda clase. Algo de una inteligencia de esas que las abuelas llamaban “don de gentes” que la habilitó a transitar la intimidad doméstica tanto de próceres como de anónimos personajes del pueblo más humilde, se expone en Stella Calloni, el libro, para que el lector descifre su especificidad.

Por eso resulta difícil reducir al género biográfico la obra de Baranchuk & Elem. No sólo porque se trata de un personaje vivo que continúa produciendo, en vez de una estatua de mármol, sino porque el relato en absoluto se limita a la cronología de una trayectoria. Tampoco se trata de una historia de vida al modo del relevamiento antropológico o un mero perfil al uso que se estandariza en los crisoles del gremio de prensa. Sin descartar fragmentos de las anteriores metodologías, la dupla autoral inaugura una apologética (en sentido platónico) intimista: si el primer subtítulo – “periodismo, literatura y militancia”— encuadra los rubros temáticos en torno a los cuales las investigadoras encaran al personaje, el segundo subtítulo –“cosas de mujeres”— recorta las sujetos implicadas (ellas mismas), en enunciado y enunciación, en una complicidad que asume la respetuosa identificación; más aún, se sincera y la exhibe.

Perspectiva que se despliega hacia el lenguaje en su doble implicancia: como dispositivo de elección del público lector y, en consonancia, las características de la prosa. En cuanto a lo primero, un repertorio de medio centenar de palabras determina la accesibilidad del relato y deja para la textualidad en primera persona de Calloni, metáforas, elipsis, poetizaciones y juegos del lenguaje, que es lo que la protagonista del libro mejor sabe hacer. Dentro del estilo de escritura, el dúo autoral se reserva para sí el acto de transmisión donde desarrolla un propósito inclusivo, decisión de política literaria que establece a través de la conjunción copulativa. Recurso por cierto persistente, aplicado a la secuencia reflexiva: “Y los casos particulares se entremezclan con lo que hace al oficio, y el oficio se cruza con el compromiso político y con las opciones de vida y con lo que eligió y con lo que te toca o te elige”. Como asimismo en la serie descriptiva: “Y empezamos a rastrear en la historia familiar y comenta que su abuela se había casado niña, a los quince años, y que había quedado viuda con varios hijos, por lo que dejó el campo y se instaló en Paraná”.

Stella Calloni con Chuchu Martínez, mano derecha de Torrijos.

Resulta de ello un relato donde la secuencia lacunar reemplaza a la sucesión cronológica. Pues el libro fue armado a partir de sucesivas entrevistas que tuvieron lugar en la primera mitad de 2019, en la intimidad doméstica de Calloni. Si el relato parece una amena charla de chicas en la mesa de la cocina —mientras toman mate o la dueña de casa prepara un puchero y se mezclan el chorizo colorado con cuatro versos de un poema evocado al pasar y la visión de los cadáveres de los guerrilleros arrastrados por el río misionero—, es porque sucedió precisamente así.

Rigurosas notas a pie de página sitúan a los nutridos personajes que surgen nombrados en la narración, mientras que un anexo cronológico otorga una sistematicidad destinada a equilibrar dispersiones propias del estilo coloquial. De esta manera el texto se acopla a la premisa de “mirar bajo el agua” que guía la poética de Calloni y hacen suya Mariana Baranchuk y Vivian Elem, a su manera.

Aquellas anunciadas “cosas de mujeres” corresponden a los asuntos de esas tres mujeres, sin reparos a la corrección política de las teorías feministas: “Y ahí le hacemos la pregunta más estúpida que se nos podría haber ocurrido: ‘¿Te gusta cocinar?’ Y tuvimos suerte que no nos echara por zonzas, hablar de comidas permite un ingreso a la intimidad y ella nos lo estaba autorizando, así que nos respondió con lo que quería contarnos: ‘Me encanta. Me encanta inventar. Hay algo que le enseñé al Comandante Fidel. Él me habló del arroz cubano y yo de mi carne al durazno’”. Y se despacha con la receta. Y para saber de las peripecias que alberga Stella Calloni, habrá que leer el libro.

Las coautoras del libro: Mariana Baranchuj (izq.) y Vivian Elem  (Der.)

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