EL ALGORITMO Y LA CULTURA HUMANISTA: una encrucijada de presente y futuro.

Por Alfredo Moreno *

(Universidad Nacional de Moreno)

12 de enero 2021.

Nunca antes, se tuvo condiciones para penetrar en los seres humanos porque se carecía de conocimientos sobre las cadenas de datos de los procesos en biología y química y no se disponía del tremendo arsenal de tecnologías en informática y comunicaciones TIC.

Ahora, en cambio, es posible.

Las corporaciones digitales y el poder info-comunicacional concentrado cuentan con todos estos recursos TIC y el Big Data a escala global; cuando logren hackear el sistema operativo humano no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos. La Inteligencia Artificial es la nave insignia de la redefinición digital en la vida orgánica.

Cuando Hitler pronunciaba un discurso en la radio, apuntaba al mínimo común denominador porque no podía construir un mensaje a medida de cada oyente, no podía personalizarlo. Ahora sí es posible hacerlo, no solamente se personaliza el mensaje, sino que se conoce los sentimientos y los gustos de los destinatarios.

Un algoritmo puede predecir si alguien ya está predispuesto contra los inmigrantes, contra la estética popular o y si está en contra de la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo). Algunas de las mentes más brillantes del mundo llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano de modo que la persona se motive para cliquear en determinados anuncios, opiniones, o me gusta en aplicaciones sociales en webs o en redes sociales, y de esta forma, ir desarrollando la trazabilidad digital de nuestras preferencias.

El mejor método es activar los botones bio químicos del miedo, el odio o la codicia que llevamos en nuestra interfaz los humanos. Y ese método ha empezado a utilizarse ahora para comunicarnos/vendernos hechos políticos e ideologías y candidatos electorales. Para despertar nuestro odio social y creernos en la libre decisión o el libre albedrío.

Datos, algoritmos y política

El valor político del flujo de datos permanente en el territorio digital, fue visible en el 2013 cuando la Agencia de Seguridad Nacional de USA reconoció la utilización de Facebook para el seguimiento de ciudadanos que aportaban sus datos “inocentemente”, información que durante años había sido un objetivo de los trabajos de inteligencia. Al igual que en 2016 nuevamente el “libro de fotos” de Mark Zuckerberg y el caso Brexit.

Muchas generaciones han nacido en esta etapa tecno científica: los nativos digitales, desde los millenials, los centenials hasta la generación T. llamados así por el uso de los dispositivos con pantalla táctil. Los que somos migrantes de lo analógico hemos adaptado nuestras costumbres al imperio del consumo digital, convencidos de que se trata de un punto sin retorno en el curso de la historia.

Este trayecto, nos pone ante la encrucijada sobre la realidad humana frente a la realidad ­digital una integración que reclama un arbitraje crítico sobre el uso de los datos que hacen “los gigantes de internet” y sus plataformas de software donde se configura el territorio digital de nuestras vidas. En los sistemas de información se “piratean” datos a través de líneas de código (software) defectuosas preexistentes. El sistema de información de los seres humanos, contiene miedos, odios, prejuicios y deseos preexistentes. Los bio piratas no pueden crear miedo ni odio sin esta condición preexistente. Pero, cuando los descubren, activan acciones que se expresan en las redes sociales o en la calle.

El arbitraje critico o la mediación Estado – Pueblo, exige una voluntad política para considerar los datos como una de las riquezas de mayor potencialidad en el presente y futuro de la humanidad y por supuesto también un conocimiento público del papel que ejercen los algoritmos y las computadoras que procesan los métodos de la Inteligencia Artificial.

Conocidos como “Los gigantes de internet” las estadunidenses Google (Alphabet), Apple, Amazon, Facebook, Microsoft y los chinos Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi se integran en “negocios estratégicos” basados en datos y algoritmos, con las corporaciones Bioquímicas, Bioinformáticas y/o Bioingeniería.

El modelo Silicon Valley ha instalado desde 1970 la idea de que la tecnología tiene que ser inmediatamente escalable. Es una forma de innovar orientada a ganar dinero muy pronto y muy rápido que ha convertido internet en una plataforma de negocios consolidada en los gigantes y a la investigación científica y tecnológica en tecno ciencia de mercado.

Los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos en el contexto de la tecno ciencia, representan un reto mucho más profundo para el ideal básico de la democracia liberal: la libertad humana.

Para muchos de nosotros, el peligro inmediato se representa en la concentración de poder de “los gigantes de internet”, que suministran servicios para un control de cada una de nuestras decisiones y acciones. Entendemos que el riego está en el sesgo de la mirada social y en los prejuicios que toman forma al definir los patrones de conducta del algoritmo. Criterios que son operados por expresiones matemáticas mediante las cuales aprenden los algoritmos en base a los datos suministrados (big o small data).

El mundo según el imperio del algoritmo es un juego de múltiples posibilidades en relación al sentido de los datos que nutren los procesos computacionales. Una de estas posibilidades, es la libre elección humana como fundamento de una manipulación tecno informática que convierte a las personas en un miembro social acrítico y no como de una educación trabajada con pensamiento crítico.

Aunque la aspiración de recrear las características de la mente humana es antigua, el desarrollo de una auténtica inteligencia artificial capaz de aprender de la experiencia es un hito reciente, posible por la altísima capacidad de procesamiento paralelo de las computadoras y el creciente ancho de banda para el tráfico de datos en internet.

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La máquina de Babbage, no podía aprender

“Algún día la inteligencia artificial se volverá consciente” escribe Marcus du Sautoy en un reciente libro Programados para crear: la revolución digital está ahí. “La máquina tenía mucho de objeto precioso, con sus torres de engranajes de ruedas dentadas repletas de números y sujetas a ejes que se ponían en marcha al accionar una manivela. Ada Byron, a los diecisiete años, se quedó arrobada viendo como la máquina de Charles Babbage producía números según hacia girar la manivela, calculando cuadrados y cubos, e incluso raíces cuadradas”. Ada Byron (1815-1852) conocida como Ada Lovelace, matemática, nació en Londres. Fue hija del famoso poeta romántico Lord Byron y de la matemática Annabella Milbanke. Ada sugirió a Babbage escribir un “plan” para que la máquina calculase números de Bernuilli, este “plan” es considerado el primer “programa de computación”, y a Ada el primer programador/a de la historia. Su máquina analítica mecánica permitía calcular cualquier función algebraica y almacenar números; el programa se introducía en la máquina mediante tarjetas perforaddas. Sus programas informáticos son considerados como la semilla original de una idea que ha florecido y estan dando sus frutos con la revolución de la inteligencia artificial, que está transformando radicalmente el mundo actual, impulsada por el trabajo de pioneros como Alan Turing, Marvin Minsky y Donald Michie.

Volviendo al libro de Marcus DU Sautoy, allí el matemático británico puntualiza que Ada fue cautelosa a la hora de evaluar hasta dónde puede llegar la máquina analítica, “Convendría ser cauto ante la eventualidad de que surjan ideas descaminadas sobre los poderes de la maquina analítica. Esta no abriga pretensiones que apunten a la posibilidad de asumir iniciativa alguna. Puede hacer exactamente lo que le ordenemos hacer”.

Esta idea ha sido una fuerte definición de las ciencias de la computación durante muchos años. Como afrontar el temor de haber puesto en marcha algo que no podemos controlar. Mucho de lo que ocurre en nuestros cerebros sigue siendo un misterio, pero en los últimos años ha surgido un modo nuevo de entender la programación: se ha producido un cambio de actitud, y la programación concebida como un proceso top-down, que va de arriba abajo, ha pasado a ser planteada como un esfuerzo que hay que asumir para enseñar al computador un proceso bottom-up, de abajo arriba.

Resulta que ahora, no hay que resolver antes el enigma de la inteligencia humana. Podemos dejar que los algoritmos recorran el territorio digital y que aprendan como lo hace una persona en el territorio analógico. Son el motor de la sociedad del conocimiento, una sociedad donde se pone en riesgo el buen vivir de las comunidades, ahora organizadas por algoritmos y corporaciones.

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Los programas elaborados mediante aprendizaje automático unos de los métodos de la inteligencia artificial, están dando pasos sorprendentes, detectando características nunca antes descubiertas en imágenes médicas, en el sector agroquímico y alimentación, realizando operaciones inteligentes en el mercado financiero. Los científicos de Bayer/Monsanto confían en el poder del super cómputo y la inteligencia artificial para rastrear qué genes están activos durante el desarrollo de una semilla de soja con el fin de diseñar nuevas variedades. Modelan formulaciones agroquímicas con una toxicidad adecuada que permita combatir las “super malezas” las malas hierbas resistentes a la acción de herbicidas.

Si el gobierno y las decisiones están en manos de las corporaciones digital o bio tecnológicas, ¿cuál debería ser el rol político de los Estados? El control corporativo y tecno científico sobre la reproducción de la “naturaleza”, la deforestación y la agricultura industrial e intensiva altera profundamente la relación entre lo humano y lo no humano. La alteración de los ecosistemas está ciertamente en la raíz de los ciclos ya establecidos de los nuevos virus.

El sociólogo italiano Lazzarato sostiene que “El monopolio de la agricultura es estratégico para el capital y mortal para la humanidad y el planeta. Dejo la palabra a Rob Wallace, autor de “Big Farms Make Big Flu”, para quien el aumento de la incidencia de los virus está estrechamente vinculado al modelo industrial de la agricultura (y en particular de la producción ganadera) y a los beneficios de las multinacionales”.

El proyecto Earth Bank of Codes (EBC), coordinado por el Foro Económico Mundial (Foro de Davos) desarrolla el mapeo de activos biológicos del ecosistema Amazónico s y codificar sus derechos con algoritmos de seguridad que utiliza la tecnología de Blockchain. En un futuro cercano, las comunidades agrícolas, la industria de alimentos y los investigadores de centros y universidades internacionales tendrán que tener permisos para el uso de los activos registrados. Este desarrollo, está relacionado con un proyecto más amplio, Earth Bio Genome, cuyo objetivo para el 2030 es secuenciar los 1,5 millones de especies de plantas, animales y organismos unicelulares que hay en la Tierra.

Comunidad Sociedad y Estado

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En un intercambio muy nutritivo con la experiencias y acciones comunitarias que desarrollo Marcela Orsinii surgió la cuestión del “Buen Vivir” como posible cambio de reglas de juego en la producción que deben conducir los Estados para orientar el cambio del modelo actual exportador y extractivista hacia otro basado en la producción diversificada y ecoeficiente, en los conocimientos, en el respeto a la biodiversidad y los datos que describen la vida orgánica. Orsini sostiene que es preciso comenzar por el territorio local, adecuar la inteligencia artificial y las TIC como motor del desarrollo local, es necesario formular la comunidad organizada en función del “Buen Vivir”.

El Buen Vivir es un principio constitucional para Ecuador y Bolivia, basado en el ´Sumak Kawsay´, que recoge una visión del mundo centrada en el ser humano, como parte de un entorno natural y social.

El Sumak Kawsay es un concepto que diversos intelectuales indígenas (Choquehuanca, 2010; Morocho, 2012; Macas, 2014) y no indígenas (Dávalos, 2004, 2008; Gudynas, 2009; Acosta y Martínez, 2013) que se ha debatido en diversos foros académicos. La primera vez que este término apareció fue en un manuscrito inédito de Carlos Viteri, indígena kichwa de Sarayacu (provincia de Pastaza Ecuador), titulado “Visión indígena del desarrollo en la Amazonía” y publicado en 2002 en la Revista Polis. El Sumak Kawsay es un paradigma radicalmente distinto al occidental en donde la vida es interpretada de manera holística, de forma que Naturaleza, Persona y Sociedad están íntimamente articuladas y no es posible una distinción sujeto-objeto entre estas categorías. Ello lleva a redefinir los conceptos de bienestar y riqueza, y a cuestionar el desarrollo en sus distintas formas, pues la Naturaleza no puede ser considerada objeto de explotación indiscriminada para obtener beneficios económicos a través de su destrucción (Moreno, 2014). Como han explicado algunos expertos (Acosta, 2013; Macas, 2014; Moreno, 2014).ii

El Sumak Kawsay implica también una visión del conjunto de América Latina, el Abya Yala, “una gran comunidad” como dice David Choquehuanca. Guardando las diferencias de contenido, se puede decir que el concepto tiene una afinidad con la “Patria Grande” de Simón Bolívar o con “Nuestra América” de José Martí.iii

Se aproxima al concepto de Comunidad Organizada de Juan Domingo Perón y al del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), que utiliza el concepto de “gran nacional”, implicando iniciativas al nivel continental basadas sobre “la solidaridad, la complementariedad, la justicia y el desarrollo sostenible”.

El “Bien Común de la Humanidad” significa la producción y la reproducción de la vida y sirve de referencia o de parámetro para la organización social, humana y para la relación con la naturaleza. En este caso, el sentido de bien es “ser” y no “haber”, es decir “vivir”. Se trata, entonces, de un sentido más amplio que la de “bienes comunes” que son indispensables para satisfacer las necesidades de la vida colectiva y personal y que también están siendo desmantelados por el neoliberalismo tecno científico.

El mundo está tratando los síntomas de la pandemia, pero no sus causas, afirma el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer que en los años 90 para explicar una situación en la que dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades. Definió el concepto de sindemia, un neologismo que combina sinergia y pandemia. “El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto. En el caso del covid-19, vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes: diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores, y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas, hay que abordar las condiciones subyacentes” sostiene Singer.

El futuro ya está aquí, esta desigualmente distribuido. La crisis sanitaria actual solo muestra la cara del mercado. La encrucijada entre los algoritmos de la inteligencia artificial y la humanidad mirada crítica y decisión política para el desarrollo de comunidades donde el Estado garantice el equilibro vital de la vida orgánica.

*Alfredo Moreno Computador Científico Profesor TIC en Universidad Nacional de Moreno

Notas

i www.contribuir.org.ar/“>https://www.contribuir.org.ar/“>www.contribuir.org.ar/“>https://www.contribuir.org.ar/

ii www.redalyc.org/pdf/132/13253143005.pdf“>https://www.redalyc.org/pdf/132/13253143005.pdf“>www.redalyc.org/pdf/132/13253143005.pdf“>https://www.redalyc.org/pdf/132/13253143005.pdf

iii https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/3523/1/RFLACSO-ED…“>https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/3523/1/RFLACSO-ED…

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