Somos la VIDA

Por Jorge Elbaum

Nunca en un período tan corto de tiempo se escenificaron dos forma de entender las orientaciones posibles de una sociedad.

En la mismas semana los moralistas medios corporativos y los propagandistas del odio se escandalizaron porque se vacunó a quienes ellos repudian. No se escandalizaron por la inoculación de familias de barrios privados, gracias a que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entregó vacunas a empresarios de CEOs de medicina privada. El blindaje mediático no difunde esas prerrogativas. Las consideran aceptables porque son para ellxs.

Tampoco se escandalizó ante la existencia de verdaderos vacunatorios para los socios del poder en Jujuy bajo el liderazgo del carcelero Gerardo (in) Morales.

El sábado en Plaza de Mayo quedó graficada esa tensión histórica aun no saldada: las bolsas mortuorias con nombre de dirigentes sociales y políticos fueron depositadas a pocos metros de las bombas detonadas en el subte, el 15 de abril de 1953, por los comandos civiles gorilas. En aquella ocasión detonaron dos explosivos en la estación de subte, en ocasión de la realización de un acto de la CGT. El atentado terrorista dejó como saldo el fallecimiento de seis personas. Más de 90 quedaron heridas. 19 de ellas quedaron mutiladxs para el resto de sus vidas. En ese mismo escenario, el 16 de junio de 1955 aviadores de la marina de guerra bombardearon la Casa Rosada, la CGT y la Plaza. El resultado trágico incluyó la muerte de 308 personas, entre ellos un bebé de tres años. Alrededor de 700 quedaron heridas. Los perpetradores de esos crímenes de lesa humanidad continuaros su tarea luctuosa una vez que se alzaron contra la constitución en septiembre y obligaron al exilio al General Juan Domingo Perón: masacraron en los basurales de José León Suárez  a militantes peronistas y fusilaron impunemente al General Juan José Valle.

Quienes depositaron las bolsas macabras son descendientes de quienes se obstinaron en profanar el cadáver de Evita haciendo un culto a la necrofilia. Son herederos de quienes instauraron el plan CONINTES para perseguir a todos aquellos que exigían superar las proscripciones, con el objeto de recuperar la senda de la democracia y el pluralismo. Son también parientes de los grupos policiales que inauguraron la práctica infausta de la desaparición forzada de personas con el obrero de la Juventud Peronista Felipe Vallese, el 23 de agosto de 1962. Son los mismos que asesinaron al militante radical Santiago Pampillón 12 de septiembre de 1966 y que avalaron la masacre de los presos de Trelew, en 1972, como prólogo del genocidio a 30.000 compañeras y compañeros. Los grupos corporativos que les continúan dando cobertura empresarial son los ejecutores, también, de los homicidios atroces de José Luis Cabezas, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Mientras el gobierno popular es cuestionado por vacunar, el odio de la derecha convoca nuevamente al exterminio.

De un lado la inoculación desordenada y con errores. Algo asociable a la desesperación por garantizar la vida.

Del otro, la celebración de la muerte.

Las bolsas negras simulando cadáveres, en una escenificación obscena de la derecha argentina y la coalición Juntos por el Cambio, incitando al odio y

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